Quien nace infeliz, no sólo lleva una vida miserable
sino que, aún después de la muerte,
es perseguido por la cruel desgracia del destino.
Los galos de Cibeles solían
llevar de un lado a otro un burro cargado con los fondos de sus bagajes.
Al morir éste por el trabajo y los golpes,
lo despellejaron y se hicieron unos tambores.
Cuando más tarde alguien les preguntó qué habían hecho
con su querido animal, aquellos respondieron así:
"Pensaba que después de morir estaría a salvo,
he aquí como otros golpes se le acumulan después de muerto."
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